José María Elguero

El pasado 28 de mayo, el BDS (Boletín Diario de Seguros) publicó un artículo de José María Elguero, Vocal de la Junta Directiva de AGERS, Doctor en Derecho, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor de la Universidad Pontificia Comillas (ICADE). Lo reproducimos al completo a continuación:

Otra vez, Europa está en guerra. Al inicio de la IIGM los medios informaban de la guerra entre países de un mismo continente y de la globalización del conflicto. Pero entonces era una guerra convencional, presencial, con armas tradicionales y muertes de combatientes en todas las posiciones. Ahora, probablemente Europa y el mundo estén, de nuevo, en guerra, pero esta vez una guerra comercial y tecnológica, muy diferente a las anteriores.

El Foro Económico Mundial de Davos advertía a inicios de 2018 en el Global Risk Report, del aumento de las tensiones geopolíticas entre países y de las guerras comerciales entre Estados.

Así dicho no deja de ser una generalidad global constitutiva de una tendencia claramente perceptible por empresas y consumidores, unida a un cambio de paradigma en el modelo de distribución. La irrupción de grandes corporaciones como Alibabá (cuyo presidente, Jack Ma, fue uno de los ponentes estrella del Foro de Davos de este año) o Amazon, ha dado un giro a la forma de entender el comercio y la distribución, creando una nueva cultura “made in internet” ajena a aranceles y tasas.

A nivel país, el proteccionismo propio de las posiciones nacionalistas ha llevado a la Administración federal norteamericana a anunciar el establecimiento de aranceles a productos extranjeros, comenzando con el acero y el aluminio europeo, del que EEUU es un gran importador dadas sus cifras de consumo para sectores estratégicos como aviación y automoción. Aranceles, por cierto, muy elevados -prácticamente disuasorios- que van a incrementar el precio de la materia prima y del producto final a cargo del cliente. Las posteriores matizaciones respecto al plazo de aplicación de los aranceles y los países a los que afectaría ha generado aún más incertidumbre y cierto malestar en el seno de la Unión europea ante las perspectivas de que algunos Estados miembros pudieran obtener una moratoria o, incluso, una dispensa, lo que acentuaría la fragmentación de la cohesión intraeuropea. Ahí quedan las imágenes de Trump y Macron y la omnipresencia internacional de la doble M francoalemana.

En esta contienda, ni China ni Europa han quedado al margen. También habrá aranceles para productos norteamericanos: Levis, Harley Davidson, Boeing, tabaco…  En este contexto, estamos en el umbral de una nueva guerra mundial, diferente pero global.

¿Estamos los europeos preparados para una guerra comercial que se vaticina larga y costosa?, ¿el rechazo al TTIP se torna ahora en forma de aranceles?, ¿las políticas proteccionistas tumbarán los avances globales del comercio mundial?

La respuesta es compleja en todos los casos, porque el escenario actual para Europa no es el óptimo: en Europa vive solo el 7,5% de la población mundial, por otro lado envejecida y acostumbrada a un estado del bienestar difícilmente sostenible a largo plazo; la fragmentación parlamentaria –ciertamente común en el planeta- es más acentuada en Europa;  las economías europeas dependen en gran medida de las exportaciones, hasta ahora una estrategia exitosa; el desempleo en ciertas partes de la Zona Euro es aún muy elevado… Mientras tanto, la OMC asiste con desconcierto a una guerra comercial Europa-EEUU que no parece responder a criterios económicos, sino políticos, pero con transcendencia global.

Si algo hemos de aprender de estas advertencias y de estos riesgos, es la necesidad de actuar conjuntamente y gestionar de manera diferente los nuevos retos. Los países, las empresas, los ciudadanos, estamos acostumbrados a riesgos estándar y a medidas de prevención estándar, pero en el horizonte tenemos nuevos retos y desafíos que requieren de medidas diferentes a las estándar en su gestión. Riesgo, comercio y gestión constituyen un cóctel peligroso si no se administra adecuadamente.