José Maria Elguero, Vocal de la Junta Directiva de AGERS, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y Director del Servicio de Estudios de Marsh España ha publicado hoy, 23 de julio, una tribuna en el Boletín Diario de Seguros sobre la responsabilidad del sector asegurador de mejorar y mantener la claridad en su lenguaje para contratos, promociones y productos.

Claridad en el lenguaje financiero: aviso para el sector asegurador

Las cláusulas suelo han supuesto un calvario judicial para las entidades financieras por la falta de transparencia, claridad y comprensibilidad de las mismas frente a los consumidores, abstracción hecha del superado problema de la retroactividad absoluta en la devolución de los intereses indebidamente cobrados.

Ahondando en el tema, algún juzgado donostiarra ha condenado al banco por incluir los intereses de una tarjeta de crédito en un anexo en letra tan pequeña, que las gafas de lectura no eran suficientes para leerlos. Toda una declaración judicial de intenciones que ya constituye jurisprudencia. Al sector financiero siempre le ha gustado coquetear con la cosmética clausular.

En nuestro sector, la reciente sentencia del TS de 26 de abril de 2018 sobre la interpretación de las cláusulas de delimitación temporal de la cobertura ha puesto de manifiesto que los jueces no la entienden –lo cual alarma- y por tanto la aplican erróneamente, casi siempre en perjuicio del asegurador. Y en general se la considera confusa y poco transparente y, por ende, no aplicable en perjuicio del asegurado.

Es cierto que en ocasiones el tomador no ha entendido bien el ámbito temporal de cobertura que ha contratado, ni la existencia de delimitaciones alternativas ni las consecuencias y efectos de uno u otro sistema, pero también se alega a veces desconocimiento de la delimitación limitativa contratada para procurar la cobertura del daño que de otro modo no hubiera tenido amparo en la póliza. Por uno y otro caso sería muy recomendable abordar ya la reforma de algunos preceptos de la LCS, como el artículo 73.2, pero aprovechar también para darle una vuelta a la terminología aseguradora.

La campaña de claridad en el lenguaje asegurador de UNESPA en este sentido resulta una iniciativa loable que solo puede producir beneficios: reducir la litigiosidad judicial, facilitar la comprensión y venta de productos aseguradores, atraer talento joven al sector y mejorar la reputación sectorial, que falta nos hacen todos ellos. Nos han enseñado que la prima del seguro no es un familiar, sino el precio del seguro. De igual forma, nos enseñan otros conceptos que por tenerlos tan intrínsecamente asumidos no somos capaces de verlos con la necesaria perspectiva de claridad. Y cuando encadenamos palabras y palabros unos detrás de otros nos sale un texto de los más litigioso.

Pero hablando de reformas terminológicas legales, no olvidemos revisar también la claridad de los condicionados de las pólizas que a veces recuerdan “Una noche en la Ópera” de los hermanos Marx. Leer ciertos wordings (¡ya estamos con los palabros!) requiere hacer una disección anatómica del texto para comprenderlo, casi nunca al primer intento. Y si eso nos ocurre a los profesionales, imaginemos al tomador que se acerca con recelo a su póliza para entenderla o al gerente de riesgos de una empresa que debate sobre el alcance de cierta cobertura o exclusión. ¿Merece la pena el riesgo de ininteligibilidad?

Es cierto que se ha avanzado mucho en Europa en términos de claridad en el lenguaje asegurador, en grafismo y en imagen, pero ahora hay que implementarlo con pleno convencimiento en España. Esta será la próxima demanda social que se le haga al Seguro.