• En la primera sesión de la serie Working Talks, expertos del sector de la Alimentación y Bebidas han valorado hacia dónde se dirige un mercado que en España representa la primera rama industrial y el 2,5% del PIB

 

  • La velocidad de la disrupción tecnológica y los riesgos reputacionales que generan problemas de seguridad alimentaria se convierten en los dos principales retos para las compañías del ramo

 

 

MADRID, 14 de noviembre de 2019.- Un cliente informado, hiperconectado, amante de la tecnología y con gustos cada vez más saludables, sostenibles y comprometidos con el medio ambiente y el no desperdicio alimentario. Ese es el perfil de consumidor que los distintos expertos en el sector Alimentación y Bebidas describieron en la jornada ReThinkFood, primer evento de la serie Net.Working Talks, un conjunto de sesiones profesionales organizadas por Willis Towers Watson, empresa líder en consultoría global, broking y soluciones.

Hemos querido empezar esta serie de eventos hablando de un sector muy concreto, el de Alimentación y Bebidas, por tres razones principales; ser un referente internacional, la adaptación tecnológica a las nuevas necesidades de los consumidores y el fuerte entorno competitivo, con riesgos de causas diversas desde medioambientales, a reputacionales, pasando por ciberriesgos o demográficos”, ha destacado Ana Matarranz, Directora General de Willis Towers Watson. Esta descripción, sumada al auge de productos ecológicos, sostenibles y biodinámicos, genera nuevos nichos de mercado relacionados con la economía circular que se apoyan en las macrotendencias que experimenta el sector.

Nuestro país tiene más de 31 mil empresas pertenecientes a la industria alimentaria, lo que se traduce en más de 400 mil puestos de trabajo y cerca de 112 mil millones de euros de facturación. Estas cifras macro, sin embargo, tienen una letra pequeña no menos importante: el promedio de trabajadores de estas compañías no llega a 14 y la facturación apenas supera los 3,5 millones anuales. “Nuestro parque industrial representa un plantel de empresas pequeñas, focalizadas principalmente en costes y optimización de recursos disponibles, lo que dificulta implantar un Plan de Seguridad Alimentaria genérico y favorece aquellos más “individualizados”, centrados en algunos aspectos de producto, proceso y distribución”, ha señalado Casimiro Rey, director de Gran Consumo de Willis Towers Watson.

Según Rey, tender hacia este tipo de políticas fortalece la confianza del consumidor, al operar garantías sobre la calidad del producto, a la vez de que facilita la retirada de productos frente a algún tipo de contingencia, en la medida en que la trazabilidad se implica a la actividad de la empresa.

Ese tipo de medidas, dirigidas hacia una mayor protección legal y reputacional, inciden en la Seguridad Alimentaria, tema sobre el que han conversado Laura Villard, responsable de Desarrollo de Productos e I+D+i en El Encinar de Humienta, Enrico Frabretti, director de Política Alimentaria, Nutrición y Salud de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), y el chef Íñigo Urrechu, quienes han reconocido que España es uno de los países que más alertas notifican a la Unión Europea. Esta actitud nos sitúa como uno de los más profesionales en el control de parámetros fuera de la norma. Según los expertos, la trazabilidad a la hora de identificar y ubicar dónde se ha producido el fallo en la cadena resulta fundamental hoy en día, pues el consumidor se encuentra ávido de conocer todo el desarrollo del alimento, desde su origen hasta su ingesta.

El sector de la alimentación es uno de los que están más expuestos a la innovación y al cambio: abarca desde la producción al consumo, por lo que las distintas macrotendencias que nos afectan obligan a repensar este sector. Los consumidores cambiamos hábitos de consumo, primamos la tecnología al servicio de la alimentación y buscamos la sostenibilidad responsable con el medio ambiente”, ha resumido Juan Luis Moreno, socio y Chief Innovation Officer en The Valley. Factores que actualmente se empiezan a adaptar en el sector, como el blockchain en la trazabilidad del producto, aprenden a convivir con la automatización en la distribución. Este conjunto de nuevas prácticas esboza un mercado totalmente innovador y disruptivo en el que la primacía de la inteligencia artificial parece arrastrar a todos los comportamientos hacia un nuevo ciclo de consumo que integra el mundo online y offline. Frente a esa transformación en la sociedad y sus preferencias, la industria alimentaria se halla ante el principio de una re-evolución digital a la que poco a poco se comienzan a sumar las compañías españolas.