Las catástrofes naturales provocaron más de 100.000 millones de dólares en pérdidas aseguradas en 2025, encadenando el sexto año consecutivo por encima de este umbral, según el Natural Catastrophe Review publicado por Willis. Aunque la cifra supone una reducción de unos 40.000 millones de dólares respecto a 2024, el informe advierte de que este descenso no debe interpretarse como un alivio estructural del riesgo, especialmente en un ejercicio sin huracanes con impacto directo en Estados Unidos.
El análisis subraya que las tendencias estructurales y las vulnerabilidades sistémicas continúan intensificándose en un contexto de calentamiento global, amplificando los efectos de los fenómenos extremos. Entre los principales riesgos identificados destaca el aumento de la exposición a incendios forestales, cuya volatilidad ya supera los patrones históricos. En este sentido, el informe señala que las aseguradoras deben actualizar sus modelos para reflejar unas condiciones cada vez más complejas, marcadas por sequías prolongadas y la expansión urbana hacia zonas de interfaz forestal.
El bróker también advierte sobre la necesidad de incorporar riesgos compuestos en la modelización, dado que eventos consecutivos —como terremotos seguidos de lluvias extremas— pueden multiplicar los daños y retrasar los procesos de indemnización. Este enfoque resulta clave para una evaluación más realista del impacto potencial de las catástrofes y de sus efectos en la solvencia y operativa del sector.
En relación con los ciclones tropicales, el informe apunta a que el calentamiento del Atlántico Norte está alterando el comportamiento de los huracanes. Aunque ningún ciclón tocó tierra en Estados Unidos en 2025, regiones como el Caribe registraron fenómenos más intensos y tardíos en la temporada, reforzando la idea de que la ausencia de grandes eventos en determinados mercados no elimina el riesgo subyacente.
El documento pone asimismo especial atención en el aumento de las inundaciones pluviales, cada vez más frecuentes en áreas que tradicionalmente se consideraban de bajo riesgo, lo que plantea desafíos adicionales para la tarificación, la gestión de exposiciones y la prevención.
En este contexto, Cameron Rye, director de Analítica de Catástrofes Naturales en Willis Re, advierte de que “la buena suerte no sustituye a una estrategia sólida”, subrayando que la creciente exposición climática exige actuar ahora para evitar acumulaciones insostenibles de riesgo. Por su parte, Scott St. George, responsable de investigación climática de Willis Research Network, destaca que el “suelo de riesgo” es hoy más elevado que nunca, con implicaciones directas para la accesibilidad y el coste del seguro en numerosos mercados.
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