Un reciente informe de International SOS revela un preocupante aumento en la sofisticación y violencia de las prácticas delictivas a nivel global. El estudio analiza las principales tendencias en criminalidad, destacando la evolución del crimen oportunista, el crecimiento de la violencia en los atracos y el uso de tecnologías avanzadas en fraudes y estafas.
El auge del crimen oportunista y la creciente violencia
El informe señala que la criminalidad oportunista, caracterizada por robos y hurtos basados en la identificación de víctimas vulnerables, ha evolucionado drásticamente. Factores como la crisis económica mundial, el desempleo y la desigualdad han impulsado a más personas a recurrir a actividades ilícitas, lo que ha resultado en un incremento en este tipo de delitos.
Sin embargo, uno de los cambios más alarmantes es el aumento de la violencia en estos crímenes. Casos como los «portonazos» y las «encerronas» en Chile reflejan una tendencia global en la que los delincuentes emplean la intimidación extrema para robar vehículos o pertenencias. En estos ataques, que antes eran simples robos, las víctimas ahora enfrentan agresiones físicas e incluso asesinatos.
Según el estudio, una de las razones detrás de este incremento en la violencia es la creciente interacción entre delincuentes comunes y redes criminales organizadas. Muchas organizaciones delictivas han comenzado a contratar a pequeños ladrones para realizar tareas como distribución de drogas o extorsiones, lo que ha generado un ambiente criminal más peligroso y estructurado.
Fragmentación de cárteles y aumento de la violencia territorial
Otro de los hallazgos clave del informe es la desintegración de las grandes organizaciones criminales. Si bien esto podría interpretarse como una victoria en la lucha contra el crimen, la realidad es que ha provocado la proliferación de pequeñas bandas y células delictivas.
Un caso destacado es México, donde la guerra contra los cárteles ha generado una fragmentación del crimen organizado. Mientras que en 2006 se identificaban alrededor de 30 grandes organizaciones criminales, para 2019 la cifra había ascendido a más de 230 grupos más pequeños. Estos nuevos grupos han intensificado la lucha por el control territorial, lo que ha llevado a un aumento de enfrentamientos, extorsiones, secuestros y bloqueos de carreteras.
Además, la diversificación de los delitos es una tendencia en auge. Las organizaciones criminales no solo dependen del narcotráfico, sino que han expandido sus operaciones a la explotación ilegal de recursos naturales, tráfico de personas y fraudes financieros, complicando aún más las estrategias de seguridad y prevención.
El narcotráfico se adapta: nuevas rutas y métodos de contrabando
A pesar de los cambios en la estructura del crimen organizado, el narcotráfico sigue siendo la principal fuente de ingresos de las mafias internacionales. En los últimos años, se han identificado nuevos métodos para introducir drogas en los mercados emergentes.
España, por ejemplo, se ha convertido en un punto clave para el tráfico de cocaína hacia Europa. En 2023, el país superó a Bélgica y los Países Bajos en la cantidad de cocaína incautada, con un récord de 142 toneladas.
Los narcotraficantes han desarrollado nuevas tácticas para eludir los controles, como el método del “gancho ciego”, que consiste en esconder drogas en contenedores de mercancías legales. Sobornando a empleados portuarios, los delincuentes logran introducir grandes cantidades de droga sin ser detectados. Otra técnica emergente es la manipulación digital de los identificadores electrónicos de los contenedores, lo que les permite burlar las inspecciones rutinarias.
La revolución de las estafas: Inteligencia Artificial y cibercrimen
El informe también pone de relieve la evolución de las estafas y fraudes, que han alcanzado niveles de sofisticación sin precedentes. La Inteligencia Artificial se ha convertido en una herramienta clave para los estafadores, permitiéndoles suplantar identidades con extrema precisión.
Una de las tácticas más alarmantes es el uso de IA para replicar la voz e incluso la imagen de personas conocidas, facilitando fraudes como secuestros virtuales y extorsiones telefónicas. En estos casos, las víctimas reciben llamadas falsas de un supuesto familiar pidiendo dinero, pero con una voz casi idéntica a la real.
Además, los ciberdelincuentes han desarrollado software malicioso más difícil de detectar. Un ejemplo es el NGate, un ransomware que ataca los pagos móviles mediante la tecnología NFC. Este programa ha sido utilizado en varios países para robar grandes sumas de dinero a usuarios de tarjetas bancarias integradas en smartphones.
Por otro lado, las estafas tradicionales también han evolucionado. En Cataluña, durante 2024, se popularizó un método en el que un delincuente distraía a la víctima en un cajero automático con la supuesta caída de un billete, mientras otro cómplice robaba su dinero o tarjeta. Asimismo, la «estafa de la regla» ha ganado notoriedad, utilizando dispositivos imantados para bloquear la salida de billetes en los cajeros y permitir que los estafadores se los lleven después.