Flavia Rodríguez-Ponga Salamanca, directora general del Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), puso en valor ante INESE la singularidad y fortaleza del modelo español de cobertura de riesgos extraordinarios, subrayando su capacidad financiera, su arquitectura institucional y la eficacia de la colaboración público-privada en un contexto de creciente exposición a fenómenos extremos.
Un entorno de riesgos más complejo y exigente
Vivimos en un contexto en el que la exposición de los bienes a los riesgos hidrometeorológicos y geológicos se ha incrementado de manera exponencial a lo largo del último siglo. El aumento del número de bienes asegurables, su mayor valor económico y la intensificación y mayor frecuencia de los fenómenos extremos explican el crecimiento sostenido de los daños.
Este escenario tensiona tanto a los asegurados —por el impacto en las primas— como a las entidades aseguradoras, obligadas a gestionar siniestros cada vez más severos y complejos.
El aseguramiento de las catástrofes presenta particularidades técnicas que lo diferencian del seguro convencional. Los daños están altamente correlacionados —un terremoto o una inundación afectan simultáneamente a todos los riesgos de una zona— y, además, no se trata de riesgos puramente aleatorios, ya que se conocen previamente las áreas con mayor probabilidad de ocurrencia. A ello se suma la dificultad de estimar la pérdida máxima probable en eventos de baja frecuencia y altísimo impacto.
Dos pilares del modelo español
En este contexto, España cuenta con dos instrumentos consolidados: el Seguro de Riesgos Extraordinarios y el Seguro Agrario Combinado. Aunque difieren en su operativa y coberturas, ambos se sustentan en un modelo de cooperación público-privada que evita la selección adversa y facilita la asegurabilidad, reduciendo la brecha de protección frente a riesgos catastróficos.
Con más de 70 años de trayectoria en el caso del sistema gestionado por el Consorcio de Compensación de Seguros y más de 40 en el seguro agrario, ambos esquemas fueron concebidos para garantizar cobertura asequible ante riesgos de naturaleza extraordinaria y hoy demuestran su vigencia en un entorno especialmente desafiante.
La DANA de 2024: una prueba de resiliencia
La gestión de las inundaciones derivadas de la DANA de octubre de 2024, que afectaron gravemente al oeste y sur de Valencia, supuso el mayor reto operativo en la historia del CCS. En un solo ejercicio, la entidad abonó indemnizaciones por un importe equivalente al total satisfecho en los doce años anteriores.
El sector asegurador español, en coordinación con el Consorcio y mediante la activación del Procedimiento Operativo Especial (POE), gestionó más de 250.000 solicitudes de indemnización en un contexto social de especial sensibilidad.
En el ámbito del seguro agrario, el ejercicio 2023 también marcó un punto crítico, con la concurrencia de sequía y tormentas de granizo que elevaron la siniestralidad a cifras sin precedentes, donde la participación económica del CCS resultó decisiva para la sostenibilidad del sistema.
Un diseño integrado y adaptable
El Seguro de Riesgos Extraordinarios fue diseñado con una arquitectura especialmente resiliente. Integrado en el mercado asegurador, se apoya en la función esencial de las entidades aseguradoras, responsables de la suscripción de los riesgos.
Asimismo, resulta clave la participación de los mediadores —en la asesoría previa y el acompañamiento posterior al siniestro— y de los peritos, que realizan la valoración técnica de los daños.
Por su capacidad financiera, su eficacia operativa y la solidez de su gobernanza, el modelo español se consolida como una referencia internacional en aseguramiento de catástrofes, especialmente en un escenario de creciente volatilidad climática y acumulación de riesgos.
