La reciente escalada de tensión en Oriente Medio ha elevado la preocupación en el ámbito empresarial internacional ante un posible cierre del Estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos del comercio mundial.
Tras los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel sobre objetivos en Irán a finales de febrero, el conflicto ha derivado en una fase de creciente inestabilidad, marcada por represalias y una mayor militarización de la región. En este contexto, Irán ha amenazado con restringir —y en parte ya lo ha hecho— el tránsito por este enclave, por el que circula cerca del 20% del petróleo global.
Aunque el paso no se encuentra completamente cerrado, la incertidumbre, los ataques a buques y el aumento del riesgo han provocado una reducción significativa del tráfico marítimo, así como un encarecimiento de costes logísticos y de seguros. Esta situación está generando un efecto inmediato en los mercados y en la operativa de numerosas compañías a nivel global.
En este contexto, voces expertas como Javier Casells, Senior Manager en Marine & Environmental (Marine, Aviation & Energy) e Íñigo Albizuri, Practice Leader de Strategic Risk Consulting, ambos de Marsh, advierten de que el impacto va mucho más allá del petróleo.
Los especialistas señalan que las cadenas de suministro globales podrían verse gravemente afectadas, especialmente en materiales clave como gas, productos químicos, fertilizantes o componentes industriales. Europa, y en particular España, presentan una elevada exposición debido a su dependencia de rutas comerciales internacionales.
Asimismo, los efectos indirectos podrían extenderse a otros sectores, incluyendo el transporte aéreo —ante posibles cierres de espacio aéreo—, el incremento de la inflación y disrupciones operativas en múltiples industrias.
Ante este escenario, los expertos subrayan la necesidad de que las empresas integren este tipo de crisis en sus modelos de gestión de riesgos, incorporando análisis de escenarios extremos, estrategias de diversificación y refuerzo de la resiliencia en sus cadenas de suministro.
El posible cierre del Estrecho de Ormuz ya no se percibe únicamente como una amenaza geopolítica, sino como un riesgo sistémico con capacidad de impactar directamente en la estabilidad económica y empresarial a escala global.
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