Marsh ha publicado un análisis en el que aborda cómo el riesgo climático está evolucionando y ampliando su impacto en las empresas multinacionales, extendiéndose más allá de los activos físicos hacia un entorno de interdependencias cada vez más complejo.
El informe destaca que los fenómenos meteorológicos extremos han dejado de ser eventos aislados para convertirse en una realidad global, con un aumento tanto en la frecuencia como en la magnitud de pérdidas asociadas a inundaciones, tormentas o riesgos crónicos como el estrés térmico y la escasez de agua.
Según señala Nick Faull, las organizaciones deben adoptar una visión estratégica a largo plazo que contemple no solo los activos propios, sino también factores sistémicos como las cadenas de suministro, las infraestructuras críticas, los clientes o el entorno regulatorio.
A partir de una encuesta global realizada por Marsh, el análisis indica que el 78% de las organizaciones evalúa sus riesgos climáticos futuros, aunque menos de la mitad realiza análisis detallados. Asimismo, un 40% considera que no cuenta con una preparación adecuada para la adaptación, especialmente en ámbitos como la continuidad de negocio o los controles de ingeniería.
El estudio también pone de relieve que, junto a riesgos tradicionalmente prioritarios como inundaciones y tormentas, están ganando relevancia amenazas crónicas que históricamente han recibido menor atención, como la escasez de agua o el calor extremo.
En este contexto, se propone un enfoque de gestión del riesgo climático en dos niveles. Por un lado, el nivel de activos, centrado en la protección de infraestructuras, operaciones y personas. Por otro, un enfoque sistémico que tenga en cuenta las interdependencias con proveedores, infraestructuras críticas y otros agentes clave, con el objetivo de reforzar la resiliencia global de las organizaciones.
El informe también subraya la necesidad de integrar de forma más profunda la adaptación climática en la gestión de riesgos. Actualmente, solo el 28% de los responsables de riesgos considera que la inversión en adaptación forma parte de sus funciones, lo que evidencia que todavía se percibe en muchos casos como una cuestión vinculada principalmente a sostenibilidad.
En paralelo, se observa un impacto creciente del cambio climático en el mercado asegurador. El aumento de eventos extremos está influyendo en la disponibilidad y el coste de los seguros, con un 60% de las organizaciones señalando preocupaciones actuales sobre su accesibilidad, porcentaje que podría alcanzar el 74% de cara a 2030. En este sentido, el análisis de Guy Carpenter apunta a un incremento anual aproximado del 1% en las pérdidas aseguradas a nivel global debido a riesgos físicos asociados al clima.
El informe concluye que las empresas multinacionales deben adoptar un enfoque holístico y a largo plazo para fortalecer su resiliencia climática, integrando la adaptación en sus procesos de gestión de riesgos y ampliando el foco hacia factores sistémicos que condicionan su exposición.
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