Allianz Commercial ha publicado un informe en el que analiza la evolución de las tormentas convectivas severas (SCS) y su creciente impacto en el panorama global de riesgos, destacando su relevancia como uno de los principales generadores de pérdidas aseguradas.
El informe pone de manifiesto que este tipo de fenómenos —que incluyen granizo, tornados o vientos intensos— han dejado de considerarse un riesgo secundario para convertirse en un factor clave dentro de la gestión de riesgos empresariales. En los últimos años, las pérdidas aseguradas acumuladas han alcanzado niveles significativos, superando incluso en algunos periodos a las derivadas de huracanes .
Uno de los aspectos más relevantes del análisis es el papel del granizo como principal motor de pérdidas, llegando a representar entre el 50% y el 80% de los daños asociados a este tipo de eventos, con impactos significativos en sectores como la aviación, la automoción o la industria manufacturera .
El informe señala que el incremento de las pérdidas no responde únicamente a factores climáticos, sino también a cambios estructurales como la urbanización, el envejecimiento de infraestructuras, el aumento del valor de los activos expuestos y las disrupciones en las cadenas de suministro. Estos elementos están ampliando el nivel de exposición y, por tanto, el impacto económico de estos fenómenos .
Asimismo, se destaca que las tormentas convectivas severas presentan características especialmente complejas desde el punto de vista de la gestión del riesgo, ya que pueden producirse con escasa antelación y generar daños localizados pero de gran intensidad, lo que dificulta su anticipación y mitigación .
En este contexto, Allianz subraya la necesidad de reforzar la resiliencia de las organizaciones mediante enfoques más avanzados de análisis y prevención. En particular, se pone en valor el uso de tecnologías como la inteligencia artificial para mejorar la modelización de riesgos y desarrollar estrategias de adaptación más precisas y basadas en datos.
El informe concluye que, ante el aumento de la frecuencia y severidad de estos eventos, las empresas deben revisar su exposición y adoptar medidas proactivas que les permitan reducir tanto los daños materiales como las interrupciones operativas, integrando este riesgo dentro de una estrategia global de resiliencia.
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