Alberto Martínez Conesa, Responsable de Ingeniería de QBE Europa

“La industria avanza hacia nuevas formas de almacenar y producir energías limpias, lo que presenta retos para el sector asegurador, dado que no existe un historial de pérdidas con el que hacer un adecuado mapa de riesgos.”

Las baterías de ion-litio están presentes en objetos de nuestro día a día, como en teléfonos móviles, coches, autobuses urbanos, patinetes o bicicletas, entre otros; y lamentablemente cuentan con un extenso historial de incendios en los últimos años. Por ejemplo, si el dispositivo se daña por un golpe o por una perforación, puede provocar un cortocircuito que desencadena en un incendio muy complicado de sofocar, puesto que el agua o los extintores habituales pueden incluso agravarlo.

Por otro lado, el hidrógeno se está convirtiendo es una alternativa a los combustibles fósiles para el transporte, industria y como sistema de almacenamiento de energía. Sin embargo, este gas presenta un elevado riesgo de explosión ya que tiene un rango de inflamabilidad muy amplio y en condiciones óptimas de combustión, puede encenderse con mínima energía, por ejemplo, con la chispa de electricidad estática del dedo de una persona. Además, la llama del hidrógeno es invisible por lo que es difícil determinar dónde está el fuego real.

¿Qué ocurre cuando estas dos energías se combinan?

Existen varios fabricantes que han lanzado al mercado equipos electrógenos modulares, que sustituyen al clásico motor Diesel, por una combinación de baterías de ion-litio y una pila de hidrógeno. Estos equipos son fáciles de transportar, cuentan con gran autonomía, capacidad de generación eléctrica y, además, son silenciosos y no emiten humos.

Si individualmente, tanto las baterías de ion-litio como el hidrógeno tienen un riesgo intrínseco elevado, este se incrementa exponencialmente al combinarse. Además, esto resulta muy alarmante ya que los fabricantes están presentando esta combinación como ideal para sustituir a los actuales grupos electrógenos de Diesel en hospitales, centros comerciales, conciertos o fábricas, entre otros lugares concurridos; esto es debido a su bajo nivel de ruidos y a la nula emisión de humos, ya que el único residuo que genera es agua.

¿Cómo pueden las empresas minimizar este riesgo?

En primer lugar, las empresas deben tener conciencia del riesgo que implica este tipo de tecnologías, y proteger las instalaciones mediante sistemas automáticos de extinción adecuados y protección pasiva, para evitar males mayores a los edificios y las personas. Una alternativa sería emplazarlos en ubicaciones físicamente separadas de los edificios, con el fin de mitigar o eliminar los daños por incendio y/o explosión.

 

Artículo de INESE