Marsh ha publicado el informe Global Terrorism Risk Insurance Report 2026, en el que analiza la evolución del riesgo de terrorismo y sus implicaciones para el mercado asegurador y la gestión de riesgos a nivel global.
El informe pone de relieve una transformación significativa del panorama del terrorismo, que ha pasado de estructuras jerárquicas y ataques centrados en daños materiales a modelos más descentralizados, con mayor frecuencia de incidentes y un impacto creciente sobre las personas y las infraestructuras críticas.
Asimismo, se destaca la diversificación de las amenazas, incluyendo desde ataques de baja sofisticación —como el uso de vehículos o armas de fácil acceso— hasta riesgos más complejos como el ciberterrorismo o los eventos NBCR (nucleares, biológicos, químicos y radiológicos), lo que incrementa la dificultad de su modelización y gestión.
En este contexto, el informe subraya que el riesgo de terrorismo ya no puede concentrarse únicamente en grandes centros urbanos, sino que presenta una creciente dispersión geográfica, afectando a un mayor número de sectores y localizaciones.
Desde el punto de vista asegurador, se pone de manifiesto el papel clave de los mecanismos de colaboración público-privada, como los programas de respaldo estatal y los pools de reaseguro, para garantizar la estabilidad del mercado y la disponibilidad de cobertura frente a eventos de gran impacto.
El análisis también destaca la evolución del mercado asegurador, donde las soluciones tradicionales se complementan cada vez más con pólizas especializadas de terrorismo y violencia política, así como con coberturas ampliadas que incluyen daños no físicos, interrupción del negocio o eventos cibernéticos.
En paralelo, se observa un entorno de mercado con capacidad suficiente y condiciones competitivas, aunque condicionado por la incertidumbre geopolítica y la aparición de nuevos riesgos, como la radicalización impulsada por tecnologías digitales o el uso de inteligencia artificial en actividades maliciosas.
El informe concluye que las organizaciones deben adoptar un enfoque integral en la gestión del riesgo de terrorismo, combinando estrategias de aseguramiento, análisis avanzado y planes de continuidad de negocio, con el objetivo de reforzar su resiliencia ante un entorno cada vez más complejo.
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